Blog / octubre 3, 2026

Los mejores aceites de oliva de España: qué criterios usan los concursos internacionales

Hace poco una clienta me contó algo que me hizo mucha gracia: había buscado «los 10 mejores aceites de oliva de España» para hacer un regalo, y se había encontrado con diez artículos de diez medios distintos, con diez rankings completamente diferentes entre sí, y ninguno explicaba de dónde sacaba su orden. Al final acabó más perdida que al principio. Y lo entiendo: parece que todo el mundo tiene su propio «top 10» secreto, como si fuera una receta de la abuela que nadie quiere soltar.

Pero aquí viene la parte buena: detrás de esas listas, cuando están bien hechas, sí hay algo real. Existen concursos internacionales serios, con reglas, jurados y metodología pública, que cada año reparten medallas de verdad. El problema es que casi nadie te cuenta cómo funcionan por dentro. Así que voy a abrirte esa caja negra, para que la próxima vez que veas un «top 10» sepas exactamente qué mirar con lupa y qué ignorar.

Quién reparte medallas de verdad: los tres nombres que debes conocer

Hay tres actores que aparecen constantemente detrás de los rankings y de las etiquetas con medallas doradas, y merece la pena que los distingas. El Premio Mario Solinas, organizado por el Consejo Oleícola Internacional (COI) —el organismo intergubernamental de referencia del sector, algo así como la ONU del aceite de oliva—, que evalúa aceites vírgenes extra agrupados por categorías de intensidad frutal. El EVOOLEUM, un concurso español con jurado internacional que además publica cada año una guía con los aceites mejor valorados, muy citada por la prensa. Y el NYIOOC (New York International Olive Oil Competition), uno de los concursos con más aceites inscritos del planeta, con productores llegados de decenas de países distintos compitiendo en la misma edición. Cada uno tiene su propio jurado, su propio calendario y su propia forma de puntuar, así que un mismo aceite puede lograr el oro en uno y quedarse sin nada en otro, sin que eso sea ninguna contradicción rara: simplemente son exámenes distintos, con profesores distintos.

Cómo puntúa un jurado de verdad (y en qué se diferencia del examen que exige la ley)

Ya te conté en otro artículo cómo funciona el panel de cata que decide, por ley, si un aceite puede llamarse virgen extra: cata a ciegas, copa de color azul oscuro para que el color no influya en el juicio, cero defectos exigidos. Pues bien, los concursos parten exactamente de esa misma técnica de cata a ciegas, pero dan un paso más allá: en lugar de un simple «pasa o no pasa» la categoría legal, el jurado pone una nota, normalmente en una escala de 0 a 100 o similar, valorando con mucho mimo la intensidad y el equilibrio de atributos positivos como el frutado, el amargor y el picor. Aquí está el matiz que mucha gente no sabe: un aceite puede ser perfectamente virgen extra —cero defectos, aprobado con nota— y aun así sacar una puntuación discreta en un concurso concreto, simplemente porque su perfil de sabor le resultó plano o desequilibrado a ese jurado en particular, ese año.

El panel legal decide si tu aceite merece llamarse virgen extra. El jurado de un concurso decide, además, si a él personalmente ese virgen extra le ha parecido especialmente bueno ese año. Son dos exámenes distintos, con dos listones completamente distintos.

Por qué comparan por categorías de frutado, y no a todos contra todos

Aquí hay un detalle que casi nunca se explica en los titulares de «el mejor aceite», y que a mí me parece de lo más revelador: la mayoría de estos concursos no enfrentan a todos los aceites entre sí sin ningún tipo de distinción. Los agrupan por intensidad de frutado —normalmente intenso, medio y suave— y reparten medallas dentro de cada grupo, no en una única tabla gigante. Y tiene todo el sentido del mundo si lo piensas: comparar un aceite muy verde e intenso, como suele ser un buen Picual de cosecha temprana, con uno suave y dulce tipo Arbequina, sería un poco como comparar un vino tinto joven y potente con un blanco afrutado y ligero, para luego decidir cuál es «objetivamente mejor». Son perfiles distintos, pensados para paladares y momentos distintos, no una carrera donde solo uno puede ganar y el resto pierde.

Esto es clave para leer bien cualquier «top» que te encuentres por ahí: si una lista mete en el mismo saco aceites de intensidades muy distintas sin explicar esta separación por categorías, es una señal de que el ranking está simplificando bastante más de la cuenta.

Lo que una medalla de oro nunca te va a garantizar

Una medalla de concurso es un dato real y tiene su mérito, nada que objetar ahí. Pero no es infalible ni permanente, y conviene que lo sepas antes de guiarte solo por ella. No garantiza que ese mismo aceite, comprado dos años después, mantenga la misma calidad exacta: la aceituna de cada cosecha es distinta, y el aceite premiado fue una muestra concreta de una campaña concreta, de un año concreto. Tampoco garantiza que sea «mejor» que todos los aceites que decidieron no presentarse a ese concurso en particular, porque inscribirse cuesta dinero de verdad (cuotas de inscripción, gastos de envío de muestras) y tiempo administrativo, algo que muchos productores pequeños, centrados en vender directo a sus clientes en vez de en hacer ruido mediático, deciden simplemente no asumir. Y como cualquier jurado humano, el resultado tiene un componente de gusto personal que puede variar de una edición a otra, incluso catando exactamente el mismo aceite.

Te confieso algo con total honestidad: mi aceite no lleva ninguna medalla de concurso colgada —nunca me he presentado a ninguno—, y no por eso siento que le falte nada esencial. En vez de invertir tiempo y dinero en presentarme a concursos, invierto en publicar mi analítica de laboratorio completa, algo que cualquiera puede comprobar en cualquier momento del año, no solo el día en que un jurado concreto lo probó una vez.

Lo que de verdad significa «premiado internacionalmente» (spoiler: casi nada por sí solo)

Esta frase aparece en muchísimas botellas del supermercado y, tal cual, apenas te dice nada en realidad. «Premiado internacionalmente» puede significar una medalla de oro en el concurso más prestigioso y exigente del sector, o una medalla de bronce en un concurso pequeñito y poco conocido, con apenas participantes esa edición. La etiqueta no está obligada a especificarte cuál de los dos casos es el tuyo. Si quieres que ese dato te sirva realmente de algo, pregúntate tres cosas, como si fueras un pequeño detective de supermercado: qué concurso exactamente (¿es uno reconocido del sector, o uno del que nunca en tu vida has oído hablar?), qué medalla concreta (oro, gran oro, plata, simple mención) y de qué año es la cosecha premiada, porque como ya hemos visto, el aceite de tu botella actual puede no ser ni siquiera de la misma campaña que el que ganó aquel premio. Sin esos tres datos, «premiado internacionalmente» es una frase bonita y nada más, vacía de contenido verificable. Un productor que de verdad quiere que confíes en su premio no tiene ningún motivo para esconder esos tres detalles; si los buscas y no aparecen por ningún lado, ni en la etiqueta ni en la web, es razonable sospechar que ese dato pesa más como reclamo publicitario que como garantía real de nada.

Cómo aplicar todo esto en el pasillo del súper, sin ser catador ni mirar medallas

No necesitas presentarte a ningún concurso ni ser jurado profesional de nada para aplicar la misma lógica que usan estos jueces con años de experiencia a sus espaldas. Los tres filtros que ellos comprueban primero —categoría legal, ausencia de defectos, intensidad de frutado— los puedes aproximar tú mismo con datos a tu alcance. Primero, que la etiqueta diga virgen extra y no simplemente «aceite de oliva» a secas, que suena parecido pero es otra cosa muy distinta. Segundo, si el productor publica su analítica, échale un vistazo rápido a la acidez: cuanto más baja, mejor conservación tuvo la aceituna. Tercero, decide tú mismo si buscas un frutado intenso —ideal para tostadas, ensaladas robustas o pescado azul— o uno más suave —mejor para pescado blanco o repostería—, algo que explico con más calma en el artículo de maridaje. Con esos tres datos en la mano, créeme, ya estás aplicando en tu propia cocina el mismo criterio que un jurado de concurso aplica en una sala de cata profesional con focos y batas blancas.

Hay incluso un pequeño ejercicio casero, muy parecido al que hace un jurado de verdad, que puedes probar tú mismo esta misma tarde sin ningún instrumento de laboratorio: coge dos aceites que tengas en casa, uno que sospeches flojo y otro que creas de más calidad, y huélelos uno detrás de otro en un vaso, nunca directamente de la botella. Un buen virgen extra huele a algo vivo —hierba recién cortada, tomatera, aceituna verde—, mientras que uno mediocre huele a poco, o directamente a rancio o a nada. No hace falta ningún entrenamiento profesional para notar esa diferencia con tu propia nariz; los jurados de concurso, simplemente, lo hacen de forma mucho más sistemática y con muchas más muestras delante a la vez.

Tengo además una checklist completa de qué miro yo antes de comprar cualquier aceite, que va mucho más allá de las medallas: origen concreto, cosecha, envase y precio, todo junto en un mismo artículo.

Por qué cada «top 10» que encuentras por internet es completamente distinto al anterior

Volviendo a la anécdota del principio, con diez rankings distintos para la misma búsqueda: esto tiene una explicación bastante sencilla, una vez la conoces. La mayoría de esas listas no las elabora ningún jurado de cata entrenado, sino un redactor de un medio o de un blog, que combina criterios muy distintos entre sí —a veces resultados de concursos reales, a veces valoraciones puramente propias del autor, a veces, sin que lo anuncien, qué marcas le han facilitado muestras gratuitas o acuerdos comerciales para aparecer destacadas en el artículo—. Ninguna ley obliga a un medio a explicar con qué criterio ordenó su lista, así que dos artículos pueden citar el mismo puñado de marcas premiadas y aun así ordenarlas de forma completamente distinta, simplemente porque cada autor decidió dar más peso a un factor distinto: el precio, el diseño de la botella, lo fácil que es comprarla online o pura opinión personal del redactor de turno.

Esto no significa que todas esas listas sean inútiles de raíz —algunas están bien documentadas y citan de verdad resultados de concursos reales—, pero sí que conviene leerlas con la misma pregunta de detective que aplicamos antes a «premiado internacionalmente»: ¿explica esta lista de dónde saca su criterio, o simplemente lo afirma sin más y espera que te lo creas?

Por qué España acapara tantas medallas (y por qué eso no te simplifica nada la elección)

No es ninguna casualidad que España, el mayor productor de aceite de oliva del mundo, se lleve buena parte de las medallas en estos concursos internacionales año tras año: con tanta superficie olivarera y tanta diversidad de variedades y microclimas distintos, hay sencillamente más aceites españoles inscritos que de cualquier otro país del planeta. Pero que España domine el número total de medallas no significa, ni de lejos, que cualquier aceite español sea automáticamente mejor que uno griego o italiano, ni que el que tienes tú ahora mismo en la despensa, aunque sea español, tenga nada que ver con los premiados en portada. La medalla la gana una marca y una cosecha muy concreta, nunca un país entero de una sola tacada. Y a la inversa: que un aceite no luzca el sello de ningún concurso no dice absolutamente nada malo sobre su origen. Hay aceites excelentes en Grecia, Italia, Portugal o Túnez que apenas se presentan a competiciones internacionales por puros motivos logísticos, sin que eso los sitúe ni un escalón por debajo de nada ni de nadie.

En resumen (la versión corta para llevar)

Los «mejores aceites de España» que ves en listas y rankings suelen basarse, cuando están bien hechos de verdad, en resultados de concursos internacionales reales como el Mario Solinas del COI, EVOOLEUM o el NYIOOC. Estos jurados catan a ciegas y puntúan por categorías de intensidad de frutado, nunca todos contra todos en una sola tabla. Pero una medalla no es infalible: depende de quién se presentó justo ese año, de un jurado concreto con sus propios gustos, y no te garantiza nada sobre las cosechas futuras. Y lo mejor de todo: puedes aplicar exactamente la misma lógica que usan esos jurados sin necesidad de ninguna medalla, fijándote en la categoría legal, la acidez y el perfil de frutado que buscas para tu plato de esta noche.

¿Qué concursos deciden los mejores aceites de oliva de España?

No hay un único examen oficial. Los más reconocidos son el Premio Mario Solinas del Consejo Oleícola Internacional, el EVOOLEUM (concurso español con jurado internacional) y el NYIOOC en Nueva York. Cada uno tiene su propio jurado y calendario, así que un mismo aceite puede obtener resultados distintos en cada uno.

¿Una medalla de concurso garantiza que un aceite es el mejor del mundo?

No. Los concursos son voluntarios (solo compiten los aceites inscritos), agrupan por categorías de intensidad de frutado en vez de comparar todo contra todo, y el resultado tiene un componente de gusto del jurado que puede variar de una edición a otra, incluso con el mismo aceite.

¿Cómo sé si un aceite es bueno aunque no tenga ninguna medalla?

Mirando datos objetivos que no dependen de ningún jurado: que sea virgen extra real, la acidez (cuanto más baja, mejor), la fecha de cosecha y, si el productor la publica, la analítica completa de laboratorio. Muchos productores pequeños de gran calidad nunca se presentan a concursos por su coste y logística.

Fuentes: método de valoración organoléptica y Premio Mario Solinas del Consejo Oleícola Internacional (internationaloliveoil.org); metodología pública de concursos internacionales de aceite de oliva (EVOOLEUM, NYIOOC).

Sin medallas de concurso en la vitrina, pero con la analítica de laboratorio completa publicada para que la revises tú mismo y no tengas que fiarte de mi palabra — puedes ver el pack completo en la ficha del Pack de 6 botellas.

 

Pack 6 botellas AOVE 250ml

Mi aceite

Pack 6 botellas AOVE 250ml — €54.00

Picual de Yéchar, cosecha temprana, molturado en 3 horas y envasado bajo nitrógeno. Producción limitada por campaña.

Comprarlo aquí →