Blog / octubre 19, 2026

Sin aceite no absorbes las vitaminas de la ensalada: lo que nadie te cuenta de las vitaminas liposolubles

Una clienta me escribió hace poco contándome que llevaba meses haciendo ensaladas «sanísimas» para bajar de peso: lechuga, zanahoria rallada, pimiento, tomate, y nada de aceite, «para no sumar calorías de más». Le pregunté si tomaba suplementos de vitamina A o de vitamina D, porque algo en su dieta no le cuadraba del todo. Me dijo que no, que confiaba en que las verduras ya se las daban. Y ahí es donde tuve que darle una mala noticia: buena parte de esas vitaminas, sin una gota de grasa en el plato, prácticamente no las estaba absorbiendo. Se las estaba comiendo, pero se iban directas al retrete sin pasar antes por su cuerpo.

Esta historia se repite más de lo que la gente cree, y tiene una explicación muy concreta de bioquímica digestiva que pocas veces se explica bien fuera de los libros de nutrición: hay un grupo de vitaminas que, sin grasa, tu cuerpo casi no puede absorber. Y el aceite de oliva virgen extra, además de ser una grasa saludable por sí misma, es el vehículo perfecto para que esas vitaminas lleguen de verdad a donde tienen que llegar.

Las vitaminas liposolubles: por qué necesitan grasa para entrar en tu cuerpo

Las vitaminas se dividen en dos grandes familias según cómo se disuelven: las hidrosolubles (como la C y las del grupo B), que se disuelven en agua y tu cuerpo las absorbe con relativa facilidad desde el intestino, y las liposolubles —A, D, E y K—, que se disuelven únicamente en grasa. Esa diferencia no es un detalle técnico sin importancia: es la que determina si lo que comes de verdad llega a tu organismo o simplemente lo expulsas sin aprovecharlo.

El mecanismo es el siguiente: para que tu intestino absorba una vitamina liposoluble, primero tiene que disolverse en una gotita de grasa, formando lo que se llama una micela —una especie de burbuja microscópica de grasa que transporta la vitamina a través de la pared intestinal—. Sin grasa presente en la comida, esa micela no se forma, y la vitamina, por muy presente que esté en la verdura que te has comido, pasa de largo por el intestino sin que tu cuerpo llegue a captarla. No es que la verdura «no tenga» la vitamina: es que, sin aceite, tu cuerpo no puede acceder a ella.

Esto tiene una consecuencia práctica que mucha gente no se plantea: comer una ensalada sin ningún tipo de grasa, por muy llena que esté de verduras ricas en betacaroteno (precursor de la vitamina A), vitamina K o vitamina E, puede dejarte con una absorción real de esas vitaminas mucho más baja de lo que crees, simplemente porque falta el vehículo que las lleva hasta tu sangre.

Lo que dice la evidencia: no es solo teoría, hay estudios que lo midieron

Esto no es una intuición de cocina, es algo que se ha medido directamente en estudios de nutrición. Investigaciones sobre absorción de carotenoides (los pigmentos de los que deriva la vitamina A, presentes en zanahoria, tomate, espinaca o pimiento) han comparado comer la misma ensalada con aliño graso frente a comerla sin ningún tipo de grasa, y han encontrado diferencias muy marcadas en cuánto carotenoide termina de verdad en el torrente sanguíneo: con aliño graso, la absorción puede llegar a ser varias veces superior que sin él. Y no cualquier grasa funciona igual de bien: los estudios que comparan distintos tipos de aliño señalan que las grasas monoinsaturadas, como las del aceite de oliva virgen extra, favorecen una absorción al menos tan buena como otras grasas, con la ventaja añadida de que no aportan el perfil de grasas saturadas de otras opciones como la mantequilla o la nata.

Dicho de otro modo: el consejo de «échale un chorro de aceite a la ensalada» no es una costumbre mediterránea sin más fundamento que la tradición, es una recomendación que tiene detrás una explicación bioquímica sólida y estudios que la respaldan.

Vitamina por vitamina: qué verduras se quedan «a medias» sin aceite

Para que esto se vea con ejemplos concretos de tu nevera, repaso las cuatro vitaminas liposolubles y dónde se pierde más si no les añades grasa:

  • Vitamina A (como betacaroteno): presente en zanahoria, calabaza, pimiento rojo, espinaca y tomate. Es, de las cuatro, la que más estudios tiene midiendo su mejor absorción con grasa; sin aceite, una buena parte del betacaroteno de estas verduras simplemente no se absorbe.
  • Vitamina K: muy presente en verduras de hoja verde como espinaca, acelga, brócoli o col rizada. Es clave para la coagulación de la sangre y la salud ósea, y al ser liposoluble sigue exactamente el mismo patrón: sin grasa en el plato, su absorción cae de forma notable.
  • Vitamina E: curiosamente, el propio AOVE ya es una fuente directa de vitamina E (es uno de sus antioxidantes naturales, junto a los polifenoles), así que al aliñar con aceite de oliva no solo mejoras la absorción de la vitamina E de la verdura, también estás añadiendo vitamina E extra al plato.
  • Vitamina D: menos presente en verduras (está sobre todo en pescado azul, huevo y la que genera tu propia piel con el sol), pero sigue el mismo principio de absorción: cualquier fuente dietética de vitamina D se aprovecha mejor en presencia de grasa en la misma comida.

MI OPINIÓN, NO UN DATO: lo que más me llama la atención de todo esto, como productor y no solo como consumidor, es lo mal que ha calado el mensaje de «quitar la grasa es siempre más sano». Llevamos décadas de dietas bajas en grasa que, sin querer, han enseñado a mucha gente a comer ensaladas «a palo seco» pensando que así hacen lo correcto, cuando en realidad se están perdiendo buena parte del valor nutricional de la propia verdura. No se trata de añadir mucho aceite, se trata de no añadir cero.

¿Cuánto aceite hace falta para que funcione? No necesitas bañar la ensalada

La buena noticia es que no hace falta una cantidad enorme de grasa para activar este mecanismo de absorción. Los estudios que miden esto suelen trabajar con cantidades moderadas, del orden de una o dos cucharadas de aceite por ración de ensalada, muy lejos de «ahogar» el plato. Mi recomendación práctica, la que sigo en mi propia mesa: un chorro generoso pero sin pasarte, en torno a 10-15 ml (una cucharada sopera larga) por plato individual de ensalada variada, repartido bien sobre toda la verdura y no solo en un punto. El aceite, además de activar esa absorción, hace de puente de sabor entre los distintos ingredientes, algo que ya conté cuando hablé de la vinagreta que no tapa el sabor del AOVE.

Y una cuestión que me preguntan mucho: no hace falta que el aceite esté cocinado ni mezclado con la verdura mucho antes de comer, basta con que esté presente en el mismo bocado, en el mismo tenedor, para que el mecanismo de la micela se active durante la digestión. Es decir: puedes aliñar justo antes de servir y funciona exactamente igual.

El error que veo más a menudo: separar «lo sano» de «la grasa»

El patrón que más repito en consulta informal con clientes —gente que me escribe preguntando por el aceite pensando en su salud, no solo en la cocina— es justo el de la clienta del principio: trocear verdura, pesarla, controlarla con cuidado, y luego sabotear sin querer todo ese esfuerzo quitando la única pieza que permite que el cuerpo aproveche lo que hay dentro de esa verdura. No es un fallo de disciplina, es un fallo de información: a nadie le han explicado nunca que la vitamina A del pimiento rojo, sin una gota de grasa al lado, se va prácticamente entera sin absorber.

Esto conecta con algo que ya traté cuando hablé de el mito de que el aceite de oliva «no engorda»: el problema nunca ha sido la cantidad exacta de calorías que aporta un chorro de aceite, sino qué consigues a cambio de esas calorías. En este caso, lo que consigues es que el resto del plato —las vitaminas que ya habías pagado al comprar esa verdura— de verdad llegue a tu cuerpo.

En resumen

Las vitaminas A, D, E y K son liposolubles: tu intestino solo puede absorberlas si hay grasa presente en la misma comida, porque necesita disolverlas en micelas para atravesar la pared intestinal. Comer una ensalada sin ningún tipo de aceite reduce de forma muy notable la absorción real de esas vitaminas, aunque la verdura las contenga de sobra. Con una o dos cucharadas de AOVE por ración es suficiente para activar ese mecanismo, sin necesidad de pasarte con la cantidad. La próxima vez que alguien te diga que quitar el aceite de la ensalada es «más sano», ya sabes qué responder.

Preguntas frecuentes

¿Por qué no se absorben bien las vitaminas de la ensalada sin aceite?

Porque las vitaminas A, D, E y K son liposolubles: solo se disuelven en grasa. Para atravesar la pared intestinal necesitan formar micelas junto a una grasa presente en la misma comida; sin aceite ni ningún otro tipo de grasa, esa vitamina pasa de largo por el intestino sin que el cuerpo la absorba, aunque la verdura la contenga.

¿Cuánto aceite de oliva hay que echarle a la ensalada para absorber bien las vitaminas?

No hace falta mucho: los estudios que miden la absorción de carotenoides trabajan con cantidades moderadas, del orden de una o dos cucharadas de aceite por ración. Con unos 10-15 ml de AOVE por plato individual, bien repartido sobre la verdura, es suficiente para activar la absorción.

¿Qué verduras pierden más vitaminas si no les pones aceite?

Sobre todo las ricas en betacaroteno (precursor de la vitamina A), como zanahoria, calabaza, pimiento rojo, espinaca y tomate, y las ricas en vitamina K, como las verduras de hoja verde (espinaca, acelga, brócoli, col rizada). En ambos casos la absorción sin grasa en el plato cae de forma muy notable.

El aliño que de verdad hace trabajar a tu ensalada: Picual monovarietal, cosecha temprana, analítica pública.

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Fuentes de los datos citados:

  • Clasificación de vitaminas liposolubles (A, D, E, K) y mecanismo de absorción mediante micelas de grasa en el intestino: literatura de bioquímica nutricional.
  • Estudios de absorción de carotenoides comparando ensaladas con y sin grasa añadida, y papel de las grasas monoinsaturadas (como el AOVE) en esa absorción: investigación en ciencia de la nutrición sobre biodisponibilidad de carotenoides.
  • Contenido de vitamina E como antioxidante natural del aceite de oliva virgen extra: composición nutricional del AOVE.
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