Blog / octubre 13, 2026
Dos botellas del mismo lote, con un color distinto: esto fue lo que pasó
Javier, un cliente de Bilbao que lleva comprándome tres cosechas seguidas, me mandó una foto por WhatsApp un sábado por la mañana que me dejó un poco descolocado. Eran dos botellas suyas, del mismo pedido, la misma caja, compradas el mismo día. Y una se veía de un color uniforme, turbio, verde oscuro de arriba abajo. La otra tenía un poso claramente visible en el fondo, como un dedo de sedimento, y por encima un aceite bastante más claro y limpio. El mensaje decía: «¿Me has mandado dos aceites distintos sin avisar, o es que una de las dos está mala?».
Entiendo perfectamente la pregunta, porque yo mismo, si no supiera lo que sé, pensaría lo mismo. Así que antes de contestarle nada le pedí un favor: que me dijera qué había hecho con cada botella desde que le llegó el pedido, con el máximo detalle posible.
La respuesta que no me esperaba
Javier tardó un rato en contestar, y cuando lo hizo, la respuesta parecía irrelevante para el problema: «Pues una la abro casi todos los días para aliñar, y antes de usarla le suelo dar un par de vueltas en la mano, no sé por qué, será una costumbre. La otra la compré de más, para tener reserva, y la tengo cerrada en la despensa desde que llegó, no la he tocado para nada».
Le pregunté una cosa más, para terminar de confirmar lo que estaba pensando: «¿Cuál de las dos es la turbia de arriba abajo, la que agitas o la que no tocas?». Y ahí llegó la pieza que cerraba el círculo: «La que agito a diario es la turbia entera. La que no toco es la que tiene ese poso raro abajo».
Por qué una botella quieta se separa, y una que se mueve no
Vamos a verlo con calma, porque el motivo no tiene nada que ver con que un aceite esté mejor o peor, sino con una palabra muy concreta: decantación.
Mi aceite, como cualquier virgen extra que no pasa por un filtrado industrial a fondo, sale de la almazara con pequeñísimas partículas en suspensión: restos microscópicos de pulpa de aceituna, de piel, de hueso molido, demasiado finos para que ningún filtro casero los note, pero ahí están. Esas partículas son, de hecho, parte de lo que le da a mi aceite ese carácter más intenso recién prensado, y ya expliqué en su día por qué prefiero dejarlo así en vez de filtrarlo a fondo como hacen otras marcas.
El problema —si se le puede llamar problema— es que esas partículas, con el tiempo y sin que nada las remueva, obedecen a la gravedad como cualquier otra cosa: pesan un poco más que el aceite puro, y poco a poco se van depositando en el fondo de la botella. Es exactamente el mismo fenómeno que ves en una botella de vino con crianza larga, o en un zumo recién exprimido que llevas unos días en la nevera sin agitar: lo sólido baja, lo líquido más claro queda arriba.
Si tú usas la botella a menudo y, como hace Javier sin darse cuenta, le das un par de vueltas cada vez que la coges, ese sedimento nunca tiene tiempo de asentarse del todo: se queda siempre mezclado, y el aceite se ve turbio de manera uniforme, de arriba abajo, como el día que se envasó. Pero si la botella se queda quieta en una despensa durante semanas, sin que nadie la mueva, ese poso tiene todo el tiempo del mundo para depositarse abajo, y el aceite de la parte de arriba, al quedarse sin esas partículas, se ve notablemente más claro y limpio.
Mismo aceite. Mismo lote. Mismo día de envasado. Una, agitada a diario. La otra, completamente quieta. Y ahí está la explicación completa de la foto que me mandó Javier.
La prueba que hice para comprobarlo con mis propios ojos
Como con cualquier explicación que doy en este blog, no me quedé con la teoría sin más. Cogí seis botellas del mismo lote, sin filtrar, recién envasadas. Dos las dejé completamente quietas en una estantería, sin tocarlas para nada. Dos las agité suavemente una vez al día, como quien la coge para aliñar la ensalada. Y las dos últimas las agité con fuerza, como si las hubiera llevado de viaje en el maletero del coche por carretera de curvas.
A la semana, las quietas ya mostraban un poso fino pero visible en el fondo, y el aceite de la parte de arriba se veía claramente más claro que el del fondo. A las dos semanas, la diferencia entre la parte de arriba y la de abajo de esas botellas quietas era muy marcada, casi como dos aceites distintos dentro del mismo envase. Las que agité suavemente a diario seguían viéndose uniformes, turbias de arriba abajo, sin apenas sedimento visible. Y las que moví con fuerza, como era de esperar, tampoco mostraron ningún poso: el movimiento constante no le da tiempo a nada de asentarse.
Y aquí está el dato importante, el que de verdad responde a la pregunta de Javier: cuando catamos las seis botellas juntas, el sabor no tenía absolutamente ninguna diferencia relevante entre la que tenía poso abajo y la que no. El sedimento no estropea el aceite ni le resta ni un ápice de calidad; simplemente se había separado por gravedad, nada más.
¿Entonces el poso es bueno o es malo?
Esta es la pregunta que me hago yo también cada vez que alguien me manda una foto parecida a la de Javier, y tiene una respuesta tranquilizadora: el poso, en un aceite sin filtrar como el mío, no es ni bueno ni malo, es simplemente natural. De hecho, para mí es casi una garantía de que el aceite no ha pasado por un filtrado industrial agresivo que le quita cuerpo y carácter solo para que se vea «limpio» en el lineal del supermercado. Si vieras un poso así en un aceite que la etiqueta dice «filtrado», ahí sí tendrías motivo para preguntar, porque significaría que algo no se ha hecho como se anuncia.
Lo único que cambia con el poso asentado es la estética al mirarlo a trasluz, y, si acaso, que las primeras gotas de esa botella concreta —las del fondo, una vez que se termina— pueden notarse un pelín más concentradas en sabor, porque llevan más de esas partículas junto con ellas. Nada que deba preocuparte, y desde luego nada que tenga que ver con que una botella esté «mala» y otra «buena».
Por qué no filtro el aceite a fondo, aunque me ahorraría estas dudas
Te voy a ser sincero, porque creo que es lo justo: si filtrara mi aceite a fondo, como hacen muchas marcas grandes, nunca tendría que explicar esta historia, porque nunca habría poso que ver ni botellas que parecieran distintas entre sí. Un filtrado industrial a fondo elimina prácticamente toda partícula en suspensión, y el resultado es un aceite visualmente idéntico en cada botella, de la primera a la última, sin ninguna sorpresa.
Pero ese mismo filtrado agresivo se lleva por delante, junto con las partículas sólidas, parte de los compuestos que le dan al aceite su cuerpo y su intensidad de sabor. No toda la industria coincide en cuánto se pierde exactamente —depende del tipo de filtro y de cuántas pasadas se le hagan—, pero sí hay coincidencia en que un filtrado a fondo suaviza el perfil del aceite, lo vuelve más uniforme y, para mi gusto, más plano. Es la misma lógica, guardando las distancias, de un zumo de naranja recién exprimido con pulpa frente a uno colado y clarificado: el segundo se ve más «limpio», pero el primero tiene más de la fruta de verdad dentro.
Así que cuando decidí no filtrar a fondo mi aceite, sabía perfectamente que estaba aceptando este tipo de preguntas de vez en cuando. Prefiero explicarle a Javier por qué su botella tiene un poso en el fondo, y que entienda que es una señal de que no le estoy quitando nada al aceite, antes que renunciar a ese carácter solo por evitar una foto de WhatsApp confusa un sábado por la mañana.
Lo que hice yo después de hablar con Javier
Le expliqué todo esto con fotos de mi propio experimento, y le di un consejo sencillo que aplico yo mismo en casa: si vas a dejar una botella sin tocar durante mucho tiempo, dale una vuelta suave de vez en cuando, no hace falta que sea a diario, con una vez a la semana basta, solo para que el poso no se asiente del todo y la botella mantenga un aspecto uniforme si eso es lo que prefieres ver. Y si no te importa el aspecto y solo te importa el sabor, no hace falta que hagas nada en absoluto: el poso se vuelve a mezclar solo en cuanto agitas la botella antes de usarla.
También aproveché para añadir una línea a la ficha de mi web que hasta ahora no tenía: una nota breve explicando que, si se ve un poso en el fondo de la botella, es señal de aceite sin filtrar, no de ningún problema. Antes daba por hecho que la gente lo sabría, y la foto de Javier me enseñó que no era tan obvio como yo pensaba.
Lo que puedes hacer tú para que no te pase lo mismo
Si tienes la costumbre de comprar más de una botella de un aceite sin filtrar y guardar una de reserva sin tocarla durante semanas o meses, no te extrañe que esa botella de reserva se vea distinta a la que usas a diario cuando por fin la abras. No es que te hayan mandado un aceite distinto, es física simple: lo que pesa más, baja; lo que se agita, se mezcla.
Y aquí hay un matiz que merece la pena aclarar, porque mezcla dos preguntas distintas que a veces se confunden: una cosa es la botella de reserva sin abrir —esa aguanta meses perfectamente, cerrada y bajo nitrógeno hasta que se abre— y otra muy distinta es la botella ya abierta, en uso. Una vez que rompes el tapón por primera vez, entra aire cada vez que la usas, y ahí sí empieza a correr el reloj de verdad. Pero ese reloj va más despacio de lo que la gente cree: en un consumo normal de una cocina de dos o tres personas, un botellín de 250 ml como los míos se acaba en torno a una semana, y en ese plazo tan corto la oxidación es prácticamente insignificante —los estudios sobre conservación hablan de dos o tres meses como el margen real antes de que se note un deterioro serio, así que siete días no son ni una décima parte de ese margen—. Es, de hecho, la misma razón por la que envaso en botellines pequeños y no en formatos grandes: para que el tiempo que pasa abierta en tu cocina sea siempre corto, casi irrelevante para la calidad final.
La botella de reserva de Javier, la del poso, llevaba semanas sin abrir, no sin tocar después de abierta. Eso es justo lo que una botella bien cerrada está preparada para aguantar sin perder nada. Lo que no le conviene a ningún aceite es quedarse abierto, a medio usar, durante meses en la encimera — eso sí nota la diferencia, y es precisamente el escenario que el formato de 250 ml está pensado para evitar.
Y si alguna vez ves que dos botellas tuyas de la misma marca y el mismo lote tienen un aspecto distinto, la primera pregunta que te tienes que hacer no es si te han cambiado el aceite, sino cuál de las dos has movido y cuál has dejado quieta. Casi siempre, la respuesta está ahí.
Cómo saber, de un vistazo, si el poso que ves es este o es otra cosa
Antes de cerrar, me parece importante dejarte una forma rápida de distinguir este sedimento natural, completamente normal, de un problema real. El poso por decantación que le pasó a Javier tiene tres características que lo delatan: aparece siempre en el fondo, nunca flotando ni en el centro del líquido; se forma poco a poco, en días o semanas, nunca de golpe nada más abrir la botella; y desaparece al momento en cuanto agitas la botella, volviendo a mezclarse sin dejar grumos ni restos raros adheridos al cristal.
Si alguna vez ves algo que no encaja con esta descripción —moho visible, burbujas raras, un olor a rancio o a humedad al abrir el tapón, o un color que ha cambiado hacia un marrón apagado en vez del verde o dorado natural del aceite—, eso ya no tiene nada que ver con la decantación de la que hablamos aquí, y ahí sí merece la pena dejar de usar esa botella y escribirme para que lo revisemos juntos. Pero un simple poso en el fondo, de una botella que llevaba tiempo quieta, es justo lo contrario de una mala señal.
Cómo terminó la historia de Javier
Unas semanas después, Javier me escribió otra vez, esta vez sin ninguna foto de botellas sospechosas, solo para contarme que había probado a mezclar el poso de la botella quieta justo antes de terminarla, «para no perderme nada», y que le había parecido notar un sabor algo más intenso en esos últimos restos. Le confirmé que no se lo había imaginado: ese fondo concentra un poco más de esas partículas que dan carácter al aceite, así que hace bien en no tirarlas.
Así que si algún día te encuentras con dos botellas que deberían ser idénticas y no lo parecen, no pienses primero en un error de envasado. Piensa primero en cuál de las dos llevas tiempo sin tocar. El aceite sin filtrar, como las cosas de verdad naturales, necesita que lo agites de vez en cuando para que se acuerde de que es todo uno.
Mi aceite
Pack 6 botellas AOVE 250ml — €54.00
Picual de Yéchar, cosecha temprana, molturado en 3 horas y envasado bajo nitrógeno. Producción limitada por campaña.
Comprarlo aquí →